Intenciones del Santo Padre Benedicto XVI para el mes de Septiembre 2011

PAPA FRANCISCO

Queridos hermanos y hermanas:

Hoy comenzamos de nuevo con las catequesis del Año de la fe, reflexionando sobre la resurrección de Jesús. ¿Cómo se ha transmitido esta verdad de fe? En las Escrituras encontramos dos tipos de testimonios al respecto: el primero, las breves fórmulas como la que hemos escuchado en la lectura del Apóstol, que indican con concisión el núcleo de la fe: la pasión, muerte y resurrección del Señor. El segundo, las narraciones que relatan el acontecimiento. Es significativo el hecho de que sean mujeres, que según la ley no podían dar un testimonio fiable, las primeras en anunciar la resurrección. Dios no las elige con criterios humanos sino que mira a su corazón. Su experiencia parte del amor, que las mueve a acudir al sepulcro, y que las hace capaces de acoger el signo de la tumba vacía y el anuncio del mensajero de Dios, y trasmitirlo, pues la alegría y la esperanza que las invade no se puede contener.

Audiencia General 03 de abril del 2013.



domingo, 23 de octubre de 2011

El Aborto Químico



Una forma oculta de  aborto procurado.

El aborto químico es una forma oculta de aborto procurado cuya práctica se ha ido extendiendo a diferentes países. A esta práctica no se le llama aborto, se le llama de manera engañosa contracepción de emergencia.
1- Definición de Aborto procurado.

   « El aborto procurado es el asesinato deliberado y directo, de cualquier manera que venga actuado, de un ser humano en la fase inicial de su existencia, comprendida entre la concepción y el nacimiento»[1] .
   El aborto procurado viene justificado afirmando que el embrión hasta un cierto estadio de desarrollo no sea todavía una persona humana, o que sus derechos estén subordinados a la voluntad de la madre, o aun que su vida y su muerte sean indiferentes en cuanto él no tendría todavía intereses propios o autonomía decisional[2] .
   Deben ser considerados como verdaderas interrupciones del embarazo todos los procedimientos que determinan la muerte del embrión, sea en fase pre-anidatoria sea en fase pos-anidatoria.
   Desde el punto de vista clínico, la elección de la técnica con la que se interrumpe el embarazo depende la época en la cual se haya llevado a cabo la fecundación. Dentro de los 40 días se recurre a la técnica del aborto farmacológico, también conocido como aborto químico.


2- Definición de aborto químico.

Se denomina aborto con medicamentos, aborto médico, aborto con pastillas, aborto químico, aborto farmacológico, o no quirúrgico al aborto inducido o IVE (interrupción voluntaria del embarazo) provocado por la interrupción del desarrollo del embrión y en su eliminación por el canal del parto, todo ello inducido por la administración de medicamentos[3].


3- Formas de aborto químico.

   Son abortivos los productos químicos o los dispositivos que tienen un efecto interceptivo o antinidatorio, es decir que alteran la fisiología del transporte del embrión ya formado en la trompa de Falopio, y le provocan la muerte impidiéndole implantarse en el útero. También son abortivos los preparados químicos contragestativos en grado de provocar el desprendimiento, la muerte y la eliminación del embrión ya anidado[4]. A estos productos hay que agregar los anticonceptivos hormonales en los que también está presente un efecto abortivo.
  Las sustancias antinidatorias, actuando antes de la implantación en el útero, no vienen consideradas abortivas por quienes consideran que el embarazo inicia sólo con este evento (es decir alrededor de los 14 días después de la fecundación): también la OMS en 1985 ha dado una definición de embarazo y ha fijado su inicio con la implantación[5].
   Los interceptivos pueden ser hormonales o mecánicos. Los interceptivos hormonales consisten en la asunción de estrógenos y/o progestinas con el objeto de alterar la estructura del endometrio uterino preparado para acoger al embrión concebido (Ej: La píldora del día después). Los métodos interceptivos hormonales de uso oral son también definidos como “contracepción de emergencia” (CE) a la que las mujeres pueden recurrir los primeros días luego de una relación sin protección para prevenir un embarazo indeseado[6] . Estos métodos interceptivos hormonales actúan en tres sitios: alterando la estructura del endometrio uterino preparado para acoger al embrión concebido, alterando la motilidad de las trompas y provocando la luteólisis, es decir la regresión precoz del cuerpo lúteo, carencia de progesterona que no consiente una normal prosecución del embarazo.
   En la píldora del día siguiente el principio activo es el levonorgestel. El levonorgestel (o I-norgestrel o D-norgestrel) es una progestina sintética biológica[7]. Esta hormona es ingerida en dosis muy altas dentro de las 12 horas y no después de las 72 horas (3 días) de una relación que se sospecha haya sido fecunda. El Principio activo de la píldora del quinto día es el acetato de ulipristal (CDB – 2914). Se trata de un “anti-hormonas” y su acción es antiprogestinas (efecto contragestativo), su nombre comercial es EllaOne y se ingiere una sola compresa hasta 120 horas (5 días) de una relación que se sospeche haya sido fecunda. Si no ha ocurrido la ovulación el ulipristal puede inhibirla o posponerla a través de diversos mecanismos de acción (efecto anticonceptivo).
   Nótese, que según las indicaciones, los plazos de ingesta de los llamados anticonceptivos de emergencia se producen antes de que se pueda determinar si realmente ha ocurrido un embarazo, ya que la dosis usual de beta-hCG (la primera hormona reveladora del embarazo) en la sangre materna no da resultado positivo antes del 7mo – 8vo día de la fecundación, cuando los productos abortivos – en particular modo los interceptivos – para ser eficaces vienen utilizados dentro y no después del 6to día de la fecundación[8].
   Altas dosis hormonales suministradas en breve tiempo pueden provocar graves efectos colaterales y posibles complicaciones para la mujer. Aumenta la incidencia de embarazos extrauterinos. En el caso en que falle el efecto abortivo es muy elevada la incidencia de malformaciones en el embrión.
  El uso de interceptivos mecánicos consiste en la introducción de una reacción de cuerpo extraño que provoca una inflamación crónica de la mucosa endometrial impidiendo la implantación del embrión. El interceptivo mecánico más conocido es la espiral o DIU (dispositivo intrauterino). Existen otros dispositivos de formas diversas que vienen inseridos al interno del útero (materiales de acero, plástico, polietileno, polietileno + cobre, polietileno + progesterona). Estos interceptivos mecánicos impiden la implantación del embrión recién concebido mediante tres mecanismos: efecto mecánico, efecto biológico del cobre y efecto hormonal de la progesterona. Los efectos colaterales vinculados al uso de los interceptivos mecánicos son: menstruaciones dolorosas, calambres, riesgo de graves infecciones pélvicas y uterinas, aumentado riesgo (3 -5 %) de embarazos ectópicos, anemias por fuertes pérdidas hemáticas, riesgo de perforaciones del útero, aumenta el riesgo de infertilidad.
  Los contragestativos impiden el proseguimiento del embarazo provocando la separación del embrión ya anidado. Cuando hay un retraso menstrual, se recurre a veces a la contragestación, que es practicada habitualmente dentro de la primera o segunda semana después de la constatación de un retraso. El objetivo declarado es hacer reaparecer la menstruación, pero en realidad se trata del aborto de un embrión apenas anidado[9]. Son contragestativos la píldora RU 486 (Mifepristone), la prostaglandina y la vacuna anti-hCG (human chorionic gonadotropin). Estos actúan disminuyendo los niveles de progesterona produciendo la descamación del endometrio, el desprendimiento del embrión de las paredes del útero y su expulsión. Los efectos colaterales vinculados al uso de la RU 486 son: Nauseas, hemorragias, muerte por shock toxico, necesidad en algunos casos de acudir a la intervención quirúrgica luego de realizado el aborto, alergias (urticaria), intervenciones de urgencia por embarazos extrauterinos no diagnosticados, infecciones (casos de shock séptico). Los fetos que sobreviven luego de un fallido intento de aborto con el uso de la RU 486 tienen el 23% de posibilidad de malformaciones.


4- Valoración ética de la contracepción de emergencia.

    Las cuestiones morales relacionadas con la contracepción de emergencia son múltiples, pero pueden ser reconducidas, fundamentalmente a dos: la primera se refiere a la delimitación de la noción de aborto respecto a contracepción y a embarazo; la segunda es inherente a la naturaleza del embrión preimplantado. De la respuesta dada a estas dos cuestiones basilares derivan comportamientos y decisiones en cada situación y en cada caso[10]. En lo que se refiere a la primera cuestión moral relacionada con la contracepción de emergencia, en algunos casos de “Contracepción de emergencia” el término contracepción es apropiado cuando la intervención farmacológica logra bloquear la ovulación. En muchos otros casos el término resulta no apropiado porque no se impide la concepción, sino que se interfiere con el desarrollo de una vida ya concebida. Existe un frente amplio y compacto que niega que la intercepción sea una forma de aborto verdadero y propio. Alguno aplica a estos casos el término microaborto en el sentido de que se trata de un aborto extremadamente precoz. Otros niegan simplemente que, aun cuando sea demostrada la intercepción, se pueda hablar de aborto en sentido estricto y esto tiene consecuencias morales y legales en países en los cuales –como en Italia- el aborto es regulado por una ley civil. Tradicionalmente por aborto se entiende la interrupción de un embarazo antes de que el nuevo ser sea autónomamente viable (para la ley italiana el feto es considerado viable luego del 180vo día de la última menstruación y su expulsión es considerada un parto prematuro)[11].
   La segunda cuestión moral relacionada con la contracepción de emergencia, la que se refiere a la naturaleza del embrión preimplantado, es quizás la razón más importante para negar la abortividad precoz de algunos fármacos como la mifepristona, y es que se niega al embrión precoz una plena humanidad. No puede ser considerado razonablemente “aborto” la supresión de un ser aun no completamente humano[12]. Muchos científicos y filósofos consideran que se puede hablar de ser humano individual tan solo hasta el 14vo día de la concepción, cuando se forma estría primitiva, porque la individualidad y la autonomía, que se encuentran entre los rasgos característicos del ser personal, se realizarían establemente tan solo luego de este tiempo[13]. Obviamente, estando el embrión preimplantado muy por debajo de la segunda semana de vida, se configura desde el punto de vista antropológico y ético como un típico pre-embrión, es decir como una forma de vida en vía de humanización, pero no todavía humana en todo sentido. Una prueba de la individualización tardía del embrión humano sería aportada por la observación de que, antes de la aparición de la estría primitiva, se puede dar lugar el fenómeno de la gemelación[14].
   El Magisterio de la Iglesia enseña la individualización inicial del embrión como se lee en la Declaración sobre el aborto procurado: “Desde el momento en el cual el ovulo es fecundado se inaugura una nueva vida que no es aquella del padre o de la madre, sino de un nuevo ser humano que se desarrolla por cuenta propia. No será nunca humano si no lo ha sido desde entonces”[15]. Desde el punto de vista moral, el simple hecho de estar en presencia de un ser humano exige que se respete plenamente su integridad y su dignidad: todo comportamiento que de alguna manera pueda constituir una amenaza u ofensa a sus derechos fundamentales, entre todos el primero, el derecho a la vida, debe considerarse como gravemente inmoral[16].

5- La contracepción de emergencia y la objeción de conciencia.

    Con la contracepción de emergencia (una forma oculta de aborto), la interrupción del embarazo se convierte ahora en un hecho privado entre la gestante y el médico, que en la mayoría de los casos se limitará a prescribir el fármaco (cuando sea necesaria la receta médica) y eventualmente a intervenir en caso de graves complicaciones[17].
    El sólo hecho de que en un país haya sido autorizada la venta de uno o varios de los interceptivos o contragestativos citados no debería obligar al médico a su prescripción y/o suministración. Ante la certeza, o aun ante la duda, de que estos fármacos tengan un efecto abortivo, el médico debería poder actuar con libertad de conciencia y negarse a prescribirlos y/o suministrarlos.
   Entre las varias formas de protesta y de objeción de conciencia, aquella relativa al aborto de parte de los médicos se presenta en los términos más inequívocos como lícita y debida: en cuanto a hombre el médico no puede cumplir una acción (o colaborar directamente) de supresión de la vida de un individuo humano, aunque se encuentre en formación; en cuanto a médico es llamado por la profesión y por la propia deontología a cuidar y sostener la vida y a ser respetado en la propia autonomía[18].


6- Conclusión

   El uso de la contracepción de emergencia viene con frecuencia justificado invocando la ausencia de un conocimiento científico directo de su mecanismo de acción. Los elementos recogidos por los investigadores, permiten hoy afirmar que la acción antianidatoria es no sólo frecuente, sino más bien prevalente, por lo cual, cuando se ha verificado una concepción, la sucesiva ausencia de embarazo es ampliamente atribuible a efectos postfertilización. La alta probabilidad de verificarse un evento indeseable, como la muerte de un ser humano en formación, debería ser suficiente para moverse con mucha prudencia[19].
   El fruto de la generación humana desde el primer momento de su existencia, es decir a partir de constituirse el cigoto, exige el respeto incondicional que es moralmente debido al ser humano en su totalidad corporal y espiritual. El ser humano va respetado y tratado como una persona desde su concepción y, por lo tanto desde ese mismo momento se le deben reconocer los derechos de la persona, entre los cuales ante todo el derecho inviolable de cada ser humano inocente a la vida[20]. Reconocer que el embrión es un ser humano desde el momento en el que comienza su ciclo vital significa también constatar su extrema vulnerabilidad, y esta vulnerabilidad exige un compromiso ante aquél que es débil, una atención que tiene que estar garantizada por la conducta ética de los científicos y los médicos y por una oportuna legislación nacional e internacional[21]. Si no se le garantiza al hombre una protección real, en particular en las situaciones de mayor debilidad, ¿cómo podrá ser tutelado todo ser humano siempre y en toda circunstancia?[22]. 

   La apertura a la vida está en el centro del verdadero desarrollo. Cuando una sociedad se encamina hacia la negación y la supresión de la vida, acaba por no encontrar la motivación y la energía necesaria para esforzarse en el servicio del verdadero bien del hombre[23].

Esthe María Iannuzzo.

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[1] JUAN PABLO II, Carta. enc. Evangelium Vitae (25 marzo 1995), n 58.
[2] E. SGRECCIA, Manuale di Bioetica, Vol I, Vita e Pensiero, Milano 20074, 611.
[3]Cf. Aborto con medicamentos en http://es.wikipedia.org/wiki/Aborto_con_medicamentos
[4] Cf. E. SGRECCIA, Manuale di Bioetica, Vol I, Vita e Pensiero, Milano 20074, 611.
[5] Ibid.
[6] Cf. L. ROMANO, New forms of interception and contragestation: a biomedical review, in Studia Bioethica, 2/1 (2009), 29.
[7] Cf. Levonorgestel in http://es.wikipedia.org/wiki/Levonorgestrel
[8] Cf. E. SGRECCIA, Manuale di Bioética, Vol I, Vita e Pensiero, Milano 20074, 593.
[9] CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE, Instrucción Dignitas Personae sobre cierta cuestiones de bioética, Librería Editrice Vaticana, Ciudad del Vaticano, 2008, n. 23.
[10] Cf. L. ROMANO, M.L. DI PIETRO, M. FAGGIONI, M. CASINI, Dall´aborto chimico alla contraccecione di emergenza. Riflessioni biomediche, etiche e giuridiche, Edizioni ART, Roma 2008, 127.
[11] Cf. Ibid. 127, 128, 129.
[12] Cf. Ibid. 132.
[13] Cf. Ibid. 134,135.
[14] Cf. Ibid. 135.
[15] CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE, Declaración sobre el aborto procurado, 1974, n.13.
[16] PONTIFICIA ACADEMIA PRO VITA, El embrión humano en la fase de la preimplantación. Aspectos científicos y consideraciones bioéticas, Librería Editrice Vaticana, Ciudad del Vaticano 2006. 42.
[17] Cf. E. SGRECCIA, Manual de Bioética, Vol I, Vita e Pensiero, Milano 20074, 593.
[18] Cf. Ibid., 585.
[19]L. ROMANO, M.L. DI PIETRO, M. FAGGIONI, M. CASINI, Dall´aborto chimico alla contraccecione di emergenza. Riflessioni biomediche, etiche e giuridiche, Edizioni ART, Roma 2008, 142.
[20] CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE, Instrucción Donum Vitae sobre el respeto de la vida humana naciente y la dignidad de la procreación (22 de febrero 1987), parte 1, n. 1.
[21] PONTIFICIA ACADEMIA PRO VITA, El embrión humano en la fase de la preimplantación. Aspectos científicos y consideraciones bioéticas, Librería Editrice Vaticana, Ciudad del Vaticano 2006. 43.
[22] Ibid.
[23] BENEDICTO XVI. Carta Enc. Caritas in Veritatis (29 de junio 2009), Cap. II, n 28.

jueves, 20 de octubre de 2011

El hogar feliz que todos queremos



Con buenos hogares se podría salvar al mundo, porque ellos tocan a fondo la conducta de los hombres, la felicidad de los pueblos y la raíz de la vida.
 
Un buen hogar siempre estará donde el camino esté lleno de “paciencia”, la almohada, de secretos; el perdón, de rosas. Estará donde el puente se halle tendido para pasar, las caras estén dispuestas para sonreír, las mentes activas para pensar y las voluntades deseosas para servir.

Un buen hogar siempre estará donde los besos tengan vuelo, y los pasos, mucha seguridad; los tropiezos tengan cordura y los detalles significación; la ternura sea muy tibia y el trato diario muy respetuoso; el deber sea gustoso, la armonía contagiosa y la paz dulce.

Un buen hogar siempre estará donde el crecimiento sea por el mismo tronco y el fruto por la misma raíz. Donde la navegación sea por la misma orilla y hacia el mismo puerto; la autoridad se haga sentir y, sin miedos ni amenazas, llene la función de encauzar, dirigir y proteger. Donde los abuelos sean reverenciados, los padres obedecidos ¡y los hijos acompañados!

Un buen hogar siempre estará donde el fracaso y el éxito sean de todos. Donde disentir sea intercambiar y no guerrear. Donde la formación junte los eslabones ¡y la oración forme la cadena! Donde las pajas se pongan con el alma y los hijos se calienten con amor. Donde el vivir esté lleno de sol y el sufrir esté lleno de fe.

Un buen hogar siempre estará en el ambiente donde naciste, en el huerto donde creciste, en el molde donde te configuraste y el taller donde te puliste.

Y muchas veces será el punto de referencia y la credencial para conocerte, porque el hogar esculpe el carácter, imprime rasgos, deja señales y marca huellas.

Con buenos hogares se podría salvar al mundo, porque ellos tocan a fondo la conducta de los hombres, la felicidad de los pueblos y la raíz de la vida.


Señor Jesús, Tú viviste en una familia feliz.
Haz de esta casa una morada de tu presencia,
un hogar cálido y dichoso.
Venga la tranquilidad a todos sus miembros,
la serenidad a nuestros nervios,
el control a nuestras lenguas,
la salud a nuestros cuerpos.

Que los hijos sean y se sientan amados,
y se alejen de ellos para siempre,
la ingratitud y el egoísmo.
Inunda, Señor, el corazón de los padres
de paciencia y comprensión,
y de una generosidad sin límites.
Extiende, Señor Dios, un toldo de amor,
para cobijar y refrescar, calentar y madurar
a todos los hijos de la casa.
 
Danos el pan de cada día
y aleja de nuestra casa
el afán de exhibir, brillar y aparecer;
líbranos de las vanidades mundanas
y de las ambiciones que inquietan y roban la paz.

Que la alegría brille en los ojos,
la confianza abra todas las puertas,
la dicha resplandezca como un sol;
sea la paz la reina de este hogar
y la unidad su sólido entramado.

Te lo pedimos a Tí que fuiste un hijo feliz
en el hogar de Nazaret junto a María y José.

Amén.



El Hogar donde yo vivo:
Es un mundo de dificultades afuera y un mundo de amor adentro.
Es el sitio donde los pequeños son grandes y donde los grandes son pequeños.
Es el mundo del padre, el reino de la madre, y el paraíso de los hijos.
Es el lugar donde rezongamos más y donde somos tratados mejor.
Es el centro de nuestros afectos, alrededor del cual, se tejen nuestros mejores deseos.
Es el sitio donde nuestro estómago recibe tres comidas diarias y nuestro corazón mil.
Es el único lugar de la tierra donde las faltas y los fracasos de la humanidad quedan ocultos bajo el suave manto del AMOR.
La excelencia en el hogar implica un esfuerzo común de los esposos, y luego de los hijos, por crear un lugar con un clima de cariño y ayuda mutua, con tradiciones y personalidad propias, fruto también de unos trabajos que trascienden la cotidianidad y la materialidad. Así, nuestro hogar será bendecido, iluminado y todos seremos felices viviendo en él….


P. Dennis Doren, L.C.

sábado, 8 de octubre de 2011

Cómo se van los famosos

Steve Jobs
El pasado 5 de octubre tuve una de esas sensaciones que producen un cierto desánimo. El motivo: la muerte de Steve Jobs. ¿Por qué esa sensación de desánimo, o de fracaso tal vez?

Aquel día no había sitio web o noticiero o periódico que no destacara esta triste noticia. Testimonios de los grandes personajes del mundo tecnológico y periodístico expresaban sus condolencias con un gran cariño y simpatía. Incluso sus competidores más acérrimos fueron capaces de expresar sus sentimientos más profundos respecto al trabajo y estilo que Jobs imprimió al mundo de la tecnología. Los títulos de gurú, el genio, el revolucionario tecnológico, el visionario, etc. se transformaron por unos días en los ideales a los cuales aspirar como líder en el mundo.

Se fue un grande. En su lecho de muerte estaban su esposa y sus hijos. Y en su lecho virtual, el mundo entero.

Otros personajes también se han ido. Pero, al contrario de Jobs, se fueron tristes, dejando una estela de soledad, de fracaso, de enfrentarse al último momento de sus vidas sin sentido ni fuerzas. Cuántos hombres y mujeres de renombre se han despedido de este mundo en medio de la tragedia y del escándalo. Si pensamos en las causas creo que podemos atisbar algunas entresacadas del famoso discurso de Steve Jobs en la Universidad de Stanford:

1. La conciencia del tiempo. Jobs vivió el tiempo desde otra dimensión. Muy diferente a la de la mayoría de los mortales. Cuenta en su discurso que desde joven pensó en que la muerte llegaría tarde o temprano y que ése era el momento más importante de la vida. Por ello vivió como si no tuviera tiempo suficiente. Pensando que cada día podía ser el último.

2. El sufrimiento humano. Jobs tocó de cerca el sufrimiento. Su vida fue siempre un desafío. Desde su nacimiento, pasando por el desánimo universitario, la dramática despedida de su propio proyecto, pasando también por el cáncer más duro que lo llevó a la muerte. Sufrimientos, morales unos, físicos otros, que supo afrontar con dignidad y superación.

3. La libertad interior. Tal vez la frase más motivadora para los jóvenes de hoy en su discurso es esta: “Ten el coraje de seguir a tu corazón e intuición, ellos ya saben lo que realmente quieres ser”. Esta libertad interior es la que define a un líder creativo. Quien no sea capaz de liberarse de sus propios condicionamientos nunca llegará a seguir las huellas de Steve Jobs.

En una de las últimas escenas de la famosa película de “El último Samurai” Tom Cruise le entrega la espada del Samurai al Emperador japonés. Éste se acerca, toma la espada y le dice a Tom: “dime cómo murió”. Tom Cruise le responde: “más bien te diré cómo vivió”.

P. Daniel Muñoz, L.C.
 

viernes, 30 de septiembre de 2011

Características del verdadero y auténtico amor conyugal


Sólo cuando el hombre sale de sí mismo para darse al otro desinteresadamente encuentra su plena identidad humana pues es liberado de la tendencia al egoísmo por el amor al prójimo. La entrega o donación sincera y total solo es posible cuando se ama pues el amor hace que el hombre se realice mediante la entrega sincera de sí mismo. Para ello se necesita que este amor sea lo suficientemente maduro, y de esta manera el don de sí será pleno y total. El amor no se hace maduro por sí, casualmente, sino por medio de una sólida y prolongada formación, con un crecimiento gradual y con no poca abnegación personal para ir logrando la integración armónica de los elementos que lo constituyen. Estos elementos son, por una parte, aquellos que pertenecen a la esfera psicológica: la sexualidad, la emotividad, la afectividad, la simpatía y el enamoramiento. Y, por otra parte se deben considerar las tendencias más propias del espíritu humano como los son: la amistad, el amor de benevolencia (ágape) y el amor de deseos (eros). La integración de todos estos elementos hacen del amor conyugal un amor plenamente maduro y al mismo tiempo sensible y espiritual.

Como fruto logrado de esta progresiva maduración afectiva, el verdadero y autentico amor humano presenta estas siete características:

1) La Totalidad.
El amor maduro se llama también amor total e irrevocable, pues la elección de un ≤tú≥ (sea en sentido humano como divino) es definitivo y exclusivo, es decir, único, y la única razón es él mismo: ≤quien ama de verdad a su propio consorte, no lo ama sólo por lo que de él recibe, sino por sí mismo, gozoso de poderlo enriquecer con el don de sí≥. En esta totalidad no es un aspecto sólo el que nos interpela de la persona, sino toda ella; la persona de sexo diferente atrae no sólo por sus cualidades que complementan al otro, sino que atrae por quien es. El ≤valor≥ no es algo de la persona –su belleza, su cuerpo, su inteligencia- sino ella misma. ≤la persona aparece como alguien que tiene una alteridad absoluta singular≥. El enamoramiento surge al captar en la otra persona que toda ella representa un ≤valor≥ integral que me enriquece. La persona enamorada no es capaz de pensar en otra cosa. Sucede en ella una autentica transfiguración en donde la persona amada se contempla como una halo luminoso. Todo aparece bello en ella, hasta los defectos. Cuando el amor es total, es capaz de crear una unidad irrevocable y única entre el ≤yo≥ y el ≤tú≥. Una unidad que camina hacia la totalidad. De esta manera el amor será estable, indisoluble y eterno.

2) La intimidad.
Significa la presencia interior de la persona amada quien está presente en la memoria, en la imaginación, en los afectos y en el entendimiento. Se trata de una presencia que es la misma unión afectiva, como el amado está presente en el amante. Una presencia que no solamente es sentida, sino que también transforma al sujeto. De esta manera la intimidad supone una transformación: es el otro el que nos transforma con su modo de ser y con su personalidad, sobre todo en aquellas cualidades significativas que me han impactado. Entre las cualidades que pueden llamar la atención de otro, resaltan especialmente los valores humanos y el valor que es la persona misma, ya que permite una unión interior original. Dicha unión es gracias a la misma naturaleza del amor, que se expresa en la imitación o, más eficazmente, en la asimilación, pues quien ama resulta similar a lo que él ama.

3) La benevolencia.
Es el signo más claro de una lograda madurez afectiva en el amor verdadero e irrevocable. Significa darse desinteresadamente hasta olvidarse el propio ≤yo≥ para darse al ≤yo≥ del otro, en donde el propio ≤yo≥, lejos de desaparecer, se enriquece y reafirma. Significa tener en cuenta más al otro que a sí mismo, es decir: aceptar al otro como es, sin pretender cambiarle; encontrar tiempo diario para estar juntos y conversar de cosas personales; vivir la mutua comprensión hasta el grado de la complicidad; descubrir y admirar de modo permanente nuevas facetas y cualidades en el otro cónyuge; conquistar al otro cada día, sin tomarse descansos en el amor; cuidar los pequeños detalles en la convivencia; mantener el mutuo respeto de palabra y de obra. Si los esposos se esfuerzan en vivir así, su vida estará colmada de honestidad, plenitud, alegría y belleza sin igual. Todos los que han experimentado este grado de amor coinciden en afirmar que es imposible lograrlo por uno mismo, y que no basta ni siquiera en pareja. La tendencia al egoísmo siempre estará presente por lo que es necesario el Amor de un Tercero, que es Dios, fuente auténtica de todo amor humano.

4) La reciprocidad.
No basta que las personas se quieran bien, es preciso que sepan que se quieren bien. No basta que la presencia interior sea recíproca, es preciso que uno perciba que se da también tal presencia en el otro. La reciprocidad en el amor adquiere su sentido pleno en la actuación: es en ella donde se aprecia la reciprocidad al querer ambos, respectivamente, para la otra persona los mismos bienes. Los actos concretos ponen de manifiesto la realidad de este amor. Si hablamos con la persona amada, pretendemos que nos escuche, si le damos un abrazo, pretendemos que lo acoja y se involucre en él, abrazando también ella. La otra persona no es un mero receptor de actividades, sino parte intrínseca de una comunicación en donde aporta su propia originalidad. Por eso no es posible un amor totalmente desinteresado hacia el otro, pues por lógica interna, quien ama está verdaderamente interesado en esta comunidad de acción. Todo amor es siempre enormemente interesado, y especialmente el amor entre el hombre y la mujer, que entraña un deseo de despertar interés por uno mismo en el otro. Suprimir el deseo de interesar a la otra persona sería suprimir la posibilidad del amor conyugal.

5) La fidelidad.
El verdadero amor pide constancia en el tiempo. Sólo se enamoran dos seres temporales, es decir, que caminan en el tiempo, y que por lo tanto, se enamoran en un momento presente. Pero también, el amor le abre espacio al futuro, sin condiciones, hacia la parte de un libro que está por escribirse. Amar significa por lo tanto fidelidad; significa decir al otro: ≤te acojo en mi vida por lo que eres, por lo que has sido, pero también me comprometo por aquello que serás mañana y que todavía no conozco≥. La fidelidad o perseverancia del amor en el tiempo, requiere sacrificio, pues no pocas veces esta noble virtud se verá probada. Pero aunque pueda resultar difícil, siempre será ≤posible, noble y meritoria; nadie puede negarlo≥. Para que la fidelidad y el amor perseveren en el tiempo es necesario incluir a Dios a la hora del matrimonio y en la vida matrimonial. El no contar con Dios a la hora del matrimonio y en la vida matrimonial, es colocar la fidelidad mutua, ya desde el inicio, en la cuesta resbaladiza del fracaso. Pues, ¿Quién puede ser fiel a una persona, si la gracia de Dios con la que se vence a la tentación y al pecado no está de por medio?

6) La exigencia.
El amor es exigente, y sólo podrá exigir quien antes se ha exigido a sí mismo. La belleza del amor estriba precisamente en esta exigencia pues solo así el amor constituye el verdadero bien del hombre y lo irradia también a los demás. Juan Pablo II en su Carta a las familias subraya la imperiosa necesidad de que ≤los hombres de hoy descubran este amor exigente, porque en él está el fundamento verdaderamente solido de la familia≥. Esta afirmación es muy importante de cara a la fundamentación de la familia como centro de la civilización del amor. Podemos decir, a la luz de lo anterior, que ella está llamada a edificar la civilización del amor con un amor exigente, pues no exigir del amado lo mejor es indiferencia, lo contrario del amor.

7) La ternura.
La ternura junto con la afectividad, expresa Juan Pablo II en Familiaris Consortio, ≤constituyen el alma profunda de la sexualidad humana, incluso en su dimensión física≥, que libera a la sexualidad del peligro de ser usada como un objeto y le proporciona en cambio, su verdadera y plena dimensión humana. La ternura es fruto de una intimidad especial entre los dos cónyuges y expresa una singular presencia del amante en el amado en donde ser reconoce la originalidad y singularidad de la otra persona. Esta presencia genera el deseo de comunicar el propio aprecio y la propia cercanía que la persona vive en su interior. Esto es precisamente lo que se quiere comunicar en la ternura: la propia presencia en cuanto se hace compañía del otro. Esta presencia se comunica por medio de gestos que llevan en sí un valor significativo. Por medio del tacto, de la mirada y de las palabras, los cónyuges se transmiten algo más grande que el gesto mismo: comunican la exclusividad del amor. Por lo mismo estos gestos revisten un especial carácter de exclusividad, porque sólo a tal persona amada expresamos así la exclusividad del amor.

Esther María Iannuzzo.


Bibliografía:
MORIANO J.M., Sólo el amor construye. La Familia a la luz del pensamiento de Juan Pablo II, www.lulu.com/spotlight/jmoriano, 2011.

sábado, 17 de septiembre de 2011

COMIENZA HACIENDO LO QUE ES NECESARIO… CONÓCETE, ACÉPTATE Y SUPÉRATE


Quien se conoce como persona, quien se conoce a sí mismo, tendrá ante sus ojos las mil y una posibilidades de crecimiento, descubrirá con facilidad las áreas de oportunidad para desarrollarse, será capaz de establecerse metas a alcanzar, y sobre todo, vivir en paz consigo mismo.

Conocernos a nosotros mismos es una labor fascinante. Es una aventura hermosa. Descubrir nuestra estructura, el por qué de nuestros comportamientos, las necesidades que tenemos por ser personas; el conocimiento de la propia inteligencia y de la voluntad, de la libertad y de la afectividad, de los impulsos y tendencias naturales.

Quien se descubre como criatura de Dios, imagen y semejanza de Él, solidificará su autoestima plenamente. Quien descubre su temperamento, iniciará, si quiere, el fascinante camino de la formación de su propio carácter y de su personalidad.

Quien descubre que amar es la vocación de toda persona humana, se le abre un horizonte inmenso de posibilidades para su crecimiento. Quien conoce sus tendencias naturales y sus impulsos instintivos, ya tendrá la posibilidad de hacerse amo y señor de su corporeidad.

El conocimiento personal abre la puerta a la formación, a las miles de áreas de oportunidad para el crecimiento. Quien se conoce a sí mismo, si es humilde, podrá reconocer sus cualidades y defectos; este reconocimiento le llevará a aceptarse tal cual es, para luego comenzar la aventura de superarse….por eso hay que comenzar por lo necesario y fundamental.

"Comienza haciendo lo que es necesario, después lo que es posible y de repente estarás haciendo lo imposible."

Un rey fue hasta su jardín y descubrió que sus árboles, arbustos y flores se estaban muriendo. El roble le dijo que se moría porque no podía ser tan alto como el pino. Volviéndose al pino, lo halló caído porque no podía dar uvas como la vid. Y la vid se moría porque no podía florecer como la rosa. La rosa lloraba por no ser fuerte y sólida como el roble. Entonces encontró una planta, un clavel floreciendo y más fresco que nunca.

El rey le preguntó: ¿Cómo es que creces tan saludable en medio de este jardín mustio y sombrío? La flor contestó: Quizás sea porque siempre supuse que cuando me plantaste querías claveles; si hubieras querido un roble, lo habrías plantado. En aquel momento me dije: Intentaré ser clavel de la mejor manera que pueda, y heme aquí, el más hermoso y bello clavel de tu jardín."

Somos esto que somos. Vivimos marchitándonos: en nuestras propias insatisfacciones, en nuestras absurdas comparaciones con los demás... si yo fuera, si yo tuviera, si mi vida fuera..., siempre conjugando el futuro incierto en vez del presente concreto, empecinados en no querer ver, que la felicidad es un estado subjetivo y voluntario.

Podemos elegir hoy estar felices con lo que somos, con lo que tenemos, o vivir amargados por lo que no tenemos o no podemos ser. Sólo podremos florecer el día que aceptemos que somos lo que somos, que somos únicos y que nadie puede hacer lo que nosotros vinimos a hacer.

Quien se conoce a sí mismo, posee una gran arma: saber quién es, su fisonomía moral, psicológica, afectiva, e incluso física; entonces, podrá planear serena y confiadamente un plan personal para su crecimiento como persona.

Quien se acepta tal cual es, ya inició su camino de perfección, de crecimiento, pues ya sabe y acepta lo que tiene naturalmente, su base humana para crecer. ¡Acéptate tal cual eres! Con todas tus grandezas y tus flaquezas, tus cualidades y tus debilidades, tus aciertos y tus errores, tus triunfos y tus derrotas.

Quien se supera, quien se esfuerza por ser mejor, quien lucha por su crecimiento personal, podrá amar mejor a los demás, servirlos mejor, acelerará su camino a la madurez personal, será más dueño de sí mismo, será más grato a Dios.

"Comienza haciendo lo que es necesario, después lo que es posible y de repente estarás haciendo lo imposible."

P. Dennis Doren, L.C.

ddoren@legionaries.org

Salmo 22. «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»


BENEDICTO XVI

AUDIENCIA GENERAL

Sala Pablo VI
Miércoles 14 de septiembre de 2011


Queridos hermanos y hermanas:
En la catequesis de hoy quiero afrontar un Salmo con fuertes implicaciones cristológicas, que continuamente aparece en los relatos de la pasión de Jesús, con su doble dimensión de humillación y de gloria, de muerte y de vida. Es el Salmo 22, según la tradición judía, 21 según la tradición greco-latina, una oración triste y conmovedora, de una profundidad humana y una riqueza teológica que hacen que sea uno de los Salmos más rezados y estudiados de todo el Salterio. Se trata de una larga composición poética, y nosotros nos detendremos en particular en la primera parte, centrada en el lamento, para profundizar algunas dimensiones significativas de la oración de súplica a Dios.
 
Este Salmo presenta la figura de un inocente perseguido y circundado por los adversarios que quieren su muerte; y él recurre a Dios en un lamento doloroso que, en la certeza de la fe, se abre misteriosamente a la alabanza. En su oración se alternan la realidad angustiosa del presente y la memoria consoladora del pasado, en una sufrida toma de conciencia de la propia situación desesperada que, sin embargo, no quiere renunciar a la esperanza. Su grito inicial es un llamamiento dirigido a un Dios que parece lejano, que no responde y parece haberlo abandonado:
 
«Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? A pesar de mis gritos, mi oración no te alcanza. Dios mío, de día te grito, y no me respondes; de noche, y no me haces caso» (vv. 2-3).
 
Dios calla, y este silencio lacera el ánimo del orante, que llama incesantemente, pero sin encontrar respuesta. Los días y las noches se suceden en una búsqueda incansable de una palabra, de una ayuda que no llega; Dios parece tan distante, olvidadizo, tan ausente. La oración pide escucha y respuesta, solicita un contacto, busca una relación que pueda dar consuelo y salvación. Pero si Dios no responde, el grito de ayuda se pierde en el vacío y la soledad llega a ser insostenible. Sin embargo, el orante de nuestro Salmo tres veces, en su grito, llama al Señor «mi» Dios, en un extremo acto de confianza y de fe. No obstante toda apariencia, el salmista no puede creer que el vínculo con el Señor se haya interrumpido totalmente; y mientras pregunta el por qué de un supuesto abandono incomprensible, afirma que «su» Dios no lo puede abandonar.
 
Como es sabido, el grito inicial del Salmo, «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?», es citado por los evangelios de san Mateo y de san Marcos como el grito lanzado por Jesús moribundo en la cruz (cf. Mt 27, 46; Mc 15, 34). Ello expresa toda la desolación del Mesías, Hijo de Dios, que está afrontando el drama de la muerte, una realidad totalmente contrapuesta al Señor de la vida. Abandonado por casi todos los suyos, traicionado y negado por los discípulos, circundado por quien lo insulta, Jesús está bajo el peso aplastante de una misión que debe pasar por la humillación y la aniquilación. Por ello grita al Padre, y su sufrimiento asume las sufridas palabras del Salmo. Pero su grito no es un grito desesperado, como no lo era el grito del salmista, en cuya súplica recorre un camino atormentado, desembocando al final en una perspectiva de alabanza, en la confianza de la victoria divina. Puesto que en la costumbre judía citar el comienzo de un Salmo implicaba una referencia a todo el poema, la oración desgarradora de Jesús, incluso manteniendo su tono de sufrimiento indecible, se abre a la certeza de la gloria. «¿No era necesario que el Mesías padeciera esto y entrara así en su gloria?», dirá el Resucitado a los discípulos de Emaús (Lc 24, 26). En su Pasión, en obediencia al Padre, el Señor Jesús pasa por el abandono y la muerte para alcanzar la vida y donarla a todos los creyentes.
 
A este grito inicial de súplica, en nuestro Salmo 22, responde, en doloroso contraste, el recuerdo del pasado:
 
«En ti confiaban nuestros padres, confiaban, y los ponías a salvo; a ti gritaban, y quedaban libres, en ti confiaban, y no los defraudaste» (vv. 5-6).
 
Aquel Dios que al salmista parece hoy tan lejano, es, sin embargo, el Señor misericordioso que Israel siempre experimentó en su historia. El pueblo al cual pertenece el orante fue objeto del amor de Dios y puede testimoniar su fidelidad. Comenzando por los patriarcas, luego en Egipto y en la larga peregrinación por el desierto, en la permanencia en la tierra prometida en contacto con poblaciones agresivas y enemigas, hasta la oscuridad del exilio, toda la historia bíblica fue una historia de clamores de ayuda por parte del pueblo y de respuestas salvíficas por parte de Dios. Y el salmista hace referencia a la fe inquebrantable de sus padres, que «confiaron» —por tres veces se repite esta palabra— sin quedar nunca decepcionados. Ahora, sin embargo, parece que esta cadena de invocaciones confiadas y respuestas divinas se haya interrumpido; la situación del salmista parece desmentir toda la historia de la salvación, haciendo todavía más dolorosa la realidad presente.
 
Pero Dios no se puede retractar, y es entonces que la oración vuelve a describir la triste situación del orante, para inducir al Señor a tener piedad e intervenir, come siempre había hecho en el pasado. El salmista se define «gusano, no un hombre, vergüenza de la gente, desprecio del pueblo» (v. 7), se burlan, se mofan de él (cf. v. 8), y herido precisamente en la fe: «Acudió al Señor, que lo ponga a salvo; que lo libre si tanto lo quiere» (v. 9), dicen. Bajo los golpes socarrones de la ironía y del desprecio, parece que el perseguido casi pierde los propios rasgos humanos, como el siervo sufriente esbozado en el Libro de Isaías (cf. Is 52, 14; 53, 2b-3). Y como el justo oprimido del Libro de la Sabiduría (cf. 2, 12-20), como Jesús en el Calvario (cf. Mt 27, 39-43), el salmista ve puesta en tela de juicio la relación con su Señor, con relieve cruel y sarcástico de aquello que lo está haciendo sufrir: el silencio de Dios, su ausencia aparente. Sin embargo, Dios ha estado presente en la existencia del orante con una cercanía y una ternura incuestionables. El salmista recuerda al Señor: «Tú eres quien me sacó del vientre, me tenías confiado en los pechos de mi madre; desde el seno pasé a tus manos» (vv. 10-11a). El Señor es el Dios de la vida, que hace nacer y acoge al neonato, y lo cuida con afecto de padre. Y si antes se había hecho memoria de la fidelidad de Dios en la historia del pueblo, ahora el orante evoca de nuevo la propia historia personal de relación con el Señor, remontándose al momento particularmente significativo del comienzo de su vida. Y ahí, no obstante la desolación del presente, el salmista reconoce una cercanía y un amor divinos tan radicales que puede ahora exclamar, en una confesión llena de fe y generadora de esperanza: «desde el vientre materno tú eres mi Dios» (v. 11b). El lamento se convierte ahora en súplica afligida: «No te quedes lejos, que el peligro está cerca y nadie me socorre» (v. 12). La única cercanía que percibe el salmista y que le asusta es la de los enemigos. Por lo tanto, es necesario que Dios se haga cercano y lo socorra, porque los enemigos circundan al orante, lo acorralan, y son como toros poderosos, como leones que abren de par en par la boca para rugir y devorar (cf. vv. 13-14). La angustia altera la percepción del peligro, agrandándolo. Los adversarios se presentan invencibles, se han convertido en animales feroces y peligrosísimos, mientras que el salmista es como un pequeño gusano, impotente, sin defensa alguna. Pero estas imágenes usadas en el Salmo sirven también para decir que cuando el hombre se hace brutal y agrede al hermano, algo de animalesco toma la delantera en él, parece perder toda apariencia humana; la violencia siempre tiene en sí algo de bestial y sólo la intervención salvífica de Dios puede restituir al hombre su humanidad. Ahora, para el salmista, objeto de una agresión tan feroz, parece que ya no hay salvación, y la muerte empieza a posesionarse de él: «Estoy como agua derramada, tengo los huesos descoyuntados [...] mi garganta está seca como una teja, la lengua se me pega al paladar [...] se reparten mi ropa, echan a suerte mi túnica» (vv. 15.16.19). Con imágenes dramáticas, que volvemos a encontrar en los relatos de la pasión de Cristo, se describe el desmoronamiento del cuerpo del condenado, la aridez insoportable que atormenta al moribundo y que encuentra eco en la petición de Jesús «Tengo sed» (cf. Jn 19, 28), para llegar al gesto definitivo de los verdugos que, como los soldados al pie de la cruz, se repartían las vestiduras de la víctima, considerada ya muerta (cf. Mt 27, 35; Mc 15, 24; Lc 23, 34; Jn 19, 23-24).
 
He aquí entonces, imperiosa, de nuevo la petición de ayuda: «Pero tú, Señor, no te quedes lejos; fuerza mía, ven corriendo a ayudarme [...] Sálvame» (vv. 20.22a). Este es un grito que abre los cielos, porque proclama una fe, una certeza que va más allá de toda duda, de toda oscuridad y de toda desolación. Y el lamento se transforma, deja lugar a la alabanza en la acogida de la salvación: «Tú me has dado respuesta. Contaré tu fama a mis hermanos, en medio de la asamblea te alabaré» (vv. 22c-23). De esta forma, el Salmo se abre a la acción de gracias, al gran himno final que implica a todo el pueblo, los fieles del Señor, la asamblea litúrgica, las generaciones futuras (cf. vv. 24-32). El Señor acudió en su ayuda, salvó al pobre y le mostró su rostro de misericordia. Muerte y vida se entrecruzaron en un misterio inseparable, y la vida ha triunfado, el Dios de la salvación se mostró Señor invencible, que todos los confines de la tierra celebrarán y ante el cual se postrarán todas las familias de los pueblos. Es la victoria de la fe, que puede transformar la muerte en don de la vida, el abismo del dolor en fuente de esperanza.
 
Hermanos y hermanas queridísimos, este Salmo nos ha llevado al Gólgota, a los pies de la cruz de Jesús, para revivir su pasión y compartir la alegría fecunda de la resurrección. Dejémonos, por tanto, invadir por la luz del misterio pascual incluso en la aparente ausencia de Dios, también en el silencio de Dios, y, como los discípulos de Emaús, aprendamos a discernir la realidad verdadera más allá de las apariencias, reconociendo el camino de la exaltación precisamente en la humillación, y la manifestación plena de la vida en la muerte, en la cruz. De este modo, volviendo a poner toda nuestra confianza y nuestra esperanza en Dios Padre, en el momento de la angustia también nosotros le podremos rezar con fe, y nuestro grito de ayuda se transformará en canto de alabanza. Gracias.

jueves, 8 de septiembre de 2011

¿Cambiar el mundo?

Otro mundo es posile.
En una noche de insomnio, sin poder reconciliar el sueño. Una de esas noches raras que me asustan, me vino a la mente esa pregunta que me hizo un joven y me dejo inquieto: ¿Se perfila un mundo mejor? ¿Que la violencia, el hambre, los desórdenes sociales algún día terminarán? La pregunta me impresionó. En ese momento me quedé callado. Bajé la mirada y me retiré confundido. A este requerimiento se suma el recuerdo de la mirada profunda de aquel joven. Tal vez con la esperanza ya perdida. ¿Realmente caminamos hacia un mundo mejor, más humano?

Ante la situación del mundo y de las ideas que pululan en los medios de comunicación podemos entrever una respuesta algo pesimista. Da la impresión, que como dice el refrán: “vamos de mal en peor”. A este pesimismo se suma la respuesta de Dios, que como en la cruz, guarda silencio. ¿Por qué este silencio de Dios? Pero también de los hombres. Silencio de la ONU ante la hambruna en África; silencio de los gobiernos ante las propuestas del aborto y de la Eutanasia; silencio de los ricos ante las ingentes necesidades de los pobres; silencio de los buenos ante las dramáticas arremetidas de los malos; en fin, no sólo Dios calla.

La gran motivación de un joven, que yo también tuve, fue esta: cambiar el mundo. Es cierto que algunos han influido fuertemente y han cambiado el mundo. Pensemos por ejemplo en Steve Jobs que revolucionó la tecnología; pensemos en Mark Zuckerberg con la revolución de las redes sociales; pensemos en Albert Einstein que revolucionó la ciencia. Y así tantos hombres y mujeres que han cambiado las formas de relacionarnos con el mundo.

Sin embargo, ese no es el cambio que queremos; no es el cambio que alguna vez soñé; no es el cambio que hoy reclaman muchos hombres en el mundo. Pero ese cambio no se da sin una toma de conciencia profunda de la pregunta fundamental ¿Quién soy? ¿Quién es el hombre? La respuesta a esta pregunta sí que es pesimista. No estamos aquí para cambiar nada. Cuando Aristóteles se hizo esta pregunta, la respuesta no fue “cambiar el mundo”. Fue ser virtuoso y con ello alcanzar la anhelada felicidad. De aquí por tanto, podemos deducir que el mundo cambiará, siempre y cuando no nos compliquemos la vida preguntándonos por la misión que tenemos o por la forma en que cambiaríamos el mundo. La respuesta es más sencilla: seamos verdaderos hombres.


P. Daniel Muñoz, L.C.