Intenciones del Santo Padre Benedicto XVI para el mes de Septiembre 2011

PAPA FRANCISCO

Queridos hermanos y hermanas:

Hoy comenzamos de nuevo con las catequesis del Año de la fe, reflexionando sobre la resurrección de Jesús. ¿Cómo se ha transmitido esta verdad de fe? En las Escrituras encontramos dos tipos de testimonios al respecto: el primero, las breves fórmulas como la que hemos escuchado en la lectura del Apóstol, que indican con concisión el núcleo de la fe: la pasión, muerte y resurrección del Señor. El segundo, las narraciones que relatan el acontecimiento. Es significativo el hecho de que sean mujeres, que según la ley no podían dar un testimonio fiable, las primeras en anunciar la resurrección. Dios no las elige con criterios humanos sino que mira a su corazón. Su experiencia parte del amor, que las mueve a acudir al sepulcro, y que las hace capaces de acoger el signo de la tumba vacía y el anuncio del mensajero de Dios, y trasmitirlo, pues la alegría y la esperanza que las invade no se puede contener.

Audiencia General 03 de abril del 2013.



martes, 10 de enero de 2012

Dime cómo amas y te diré quien eres... conoce, vive y transmite el amor.

Madre Teresa de Calcuta.


Cuando hemos leído o escuchado las palabras de Jesús "hay que amarse los unos a los otros", son muchos los que se te quedan mirando y te preguntan: ¿Y amar, qué es?, ¿una ebullición de afectos?, ¿cómo se hace eso de amar, sobre todo cuando se trata de desconocidos, semi conocidos o personas que te han dañado?, ¿amar son, tal vez, solamente algunos impresionantes gestos heroicos?, ¿amar será un sentimiento que emerge en nuestro interior por determinados afectos o palabras bonitas que hemos escuchado?

"El arte de amar", “el arte de conocer el amor, vivirlo y de trasmitirlo”, es el arte de trascender en la vida y darle el verdadero sentido. No se necesitan de actos heroicos extremos. La vida que verdaderamente ama, está toda ella acompañada de muchos y pequeños gestos de amor, de esos que seguramente no cambian el mundo, pero que, por un lado, lo hacen más llevadero y, por otro, estiran el corazón de quien los hace.

Te ofrezco aquí una simple lista de 24 pequeñas maneras de amar:

Aprenderse los nombres de la gente que trabaja con nosotros o de los que nos cruzamos en el ascensor y tratarles luego por su nombre.

Estudiar los gustos ajenos y tratar de complacerles.

Pensar, por principio, bien de todo el mundo.

Tener la manía de hacer el bien, sobre todo a los que no se lo merecerían teóricamente.

Sonreír. Sonreír a todas horas, con ganas o sin ellas.

Multiplicar el saludo, incluso a los semi conocidos.

Visitar a los enfermos, sobre todo a aquellos que están marcados por sufrimientos prolongados.

Prestar libros aunque te pierdan alguno. Devolverlos tú.

Hacer favores, y concederlos antes de que terminen de pedírtelos.

Juan Pablo II y su agresor
Ali Agca
Olvidar ofensas, y sonreír especialmente a los ofensores. Tiene que ser un acto de la voluntad y del corazón.

Aguantar a los pesados. No poner cara de vinagre escuchándolos.

Tratar con antipáticos. Conversar con los sordos sin ponerte nervioso.

Contestar, si te es posible, a todas las cartas.

Entretener a los niños pequeños. No pensar que con ellos pierdes el tiempo.

Animar a tus mayores. No engañarles como chiquillos; pero subrayar todo lo positivo que encuentres en ellos.

Recordar las fechas de los santos y cumpleaños de los conocidos y amigos

Hacer regalos muy pequeños, que demuestren el cariño pero no crean obligación de ser compensados con otro regalo.

Acudir puntualmente a las citas, aunque tengas que esperar tú.

Contarle a la gente cosas buenas que alguien ha dicho de ellos, es decir, cultivar la beneficencia en medio de la crítica.

Dar buenas noticias.

No contradecir por sistema a todos los que hablan con nosotros.

Exponer nuestras razones en las discusiones, pero sin tratar de aplastar.

Mandar con tono suave, no gritar nunca. Si tienes que dar una negativa, hazlo con cariño.

Corregir de modo que se note que te duele el hacerlo.

La lista podría ser interminable y los ejemplos similares e infinitos. ¡Qué programa tan valioso y a la vez sencillo para los que queremos sembrar semillas de amor, en medio de nuestra sociedad tantas veces agresiva, indiferente, envidiosa y prepotente…! amémonos los unos a los otros, con un corazón magnánimo, así como Jesús nos amó, dispuestos siempre a dar lo mejor de nosotros mismos a los demás, sin esperar nada a cambio. Así como los primeros cristianos comprendieron tan hondamente, y sobre todo, practicaron tan heroicamente el gran principio que el Maestro les había dejado en su testamento antes de morir, que los mismos paganos, extrañados, les apuntaban con el dedo y tenían que confesar: "Mirad cómo se aman".

Que ésta sea nuestra tarjeta de presentación a donde queramos presentarnos y que no tengamos miedo a que nos apunten con el dedo, para decirnos, “¡MIRA CÓMO AMA!”. Tal vez me dirás, ¡cuántas minucias! Pero con muchos millones de pequeñas minucias como éstas el mundo se haría más habitable.

P. Dennis Doren, L.C.

jueves, 5 de enero de 2012

La paz sólo es posible en la justicia, la verdad y la libertad.





Felices los que trabajan por la paz, porque se llamarán
hijos de Dios (Mt, 5,9).

  
   La paz no es la mera ausencia de la guerra, ni se reduce al solo equilibrio de las fuerzas adversas, ni surge de una hegemonía despótica, sino que con toda exactitud y propiedad se llama obra de la justicia[1].

   Cada primero de enero, primer día del año, se celebra la jornada mundial por la paz. Es costumbre que el Santo Padre dirija al mundo desde Roma un mensaje que guie a los hombres en la construcción de tan anhelada y necesaria paz, pero de la verdadera paz, aquella basada en la justicia para todos, la verdad y la libertad.

     La Justicia.

   Continuamente, ante diversas situaciones ya sean personales, ya sea que afecten a nuestro entorno inmediato o que estén sufriendo un grupo de personas en determinado lugar, nos manifestamos diciendo: ¡Qué injusticia!, ¡las leyes no se cumplen!, ¡hace falta alguien que haga justicia!, e incluso pedimos a Dios que haga justicia. Todo esto en muchos casos es verdad, y porque no decirlo, hay que admitir que hay leyes que son injustas y discriminatorias, como las leyes que favorecen el aborto alegando defender el “derecho” de la mujer a decidir y a la “libertad” del uso del propio cuerpo suprimiendo la vida del propio hijo. Para el niño que está por nacer esta ley es injusta, de hecho le suprime el derecho fundamental para todo ser humano y sobre el cual se erigen los demás derechos, que es la vida. O las leyes que en algunos países le otorgan algunos derechos a los hombres que le son negados a la mujer. E incluso algunos de estos derechos humillan y vejan directamente la dignidad de las mujeres. Pero, ¿qué es la justicia? El Catecismo de la iglesia católica nos da una definición y nos dice que: la justicia es una virtud moral que consiste en la constante y firme voluntad de dar a Dios y al prójimo aquello que les corresponde[2]. La justicia hacia los hombres dispone respetar los derechos de cada uno y a establecer en las relaciones humanas la armonía que promueve la equidad respecto a las personas y al bien común[3]. De este modo, la paz para todos nace de la justicia de cada uno y ninguno puede eludir este compromiso esencial de promover la justicia, según las propias competencias y responsabilidades[4] .

   «Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados» (Mt 5,6). Serán saciados porque tienen hambre y sed de relaciones rectas con Dios, consigo mismos, con sus hermanos y hermanas, y con toda la creación[5].

    La Verdad

   La verdad no es aquella que de manera egoísta se construye cada uno a su medida y conveniencia y que hace caer al hombre en un relativismo moral, aquella que se llama verdad dependiendo de quién la perciba y de las circunstancias que rodeen el hecho. Algunas corrientes del pensamiento moderno han atribuido a la conciencia individual las prerrogativas de una instancia suprema del juicio moral, que decide categórica e infaliblemente sobre el bien y el mal. Ha desaparecido la necesaria exigencia de verdad en aras de un criterio de sinceridad, de autenticidad, de «acuerdo con uno mismo», de tal forma que se ha llegado a una concepción radicalmente subjetivista del juicio moral[6] . No es ajena a esta evolución la crisis en torno a la verdad. Se está orientado a conceder a la conciencia del individuo el privilegio de fijar, de modo autónomo, los criterios del bien y del mal, y actuar en consecuencia[7]. La Revelación enseña que el poder de decidir sobre el bien y el mal no pertenece al hombre, sino sólo a Dios[8]. En realidad, la libertad del hombre encuentra su verdadera y plena realización en esta aceptación[9].

   El hombre es un ser que alberga en su corazón una sed de infinito, una sed de verdad –no parcial, sino capaz de explicar el sentido de la vida– porque ha sido creado a imagen y semejanza de Dios[10]. Ningún hombre puede eludir las preguntas fundamentales: ¿qué debo hacer?, ¿cómo puedo discernir el bien del mal? La respuesta es posible sólo gracias al esplendor de la verdad que brilla en lo más íntimo del espíritu humano[11]. En lo más profundo de su conciencia descubre el hombre la existencia de una ley que él no se dicta a sí mismo, pero a la cual debe obedecer, y cuya voz resuena, cuando es necesario, en los oídos de su corazón, advirtiéndole que debe amar y practicar el bien y que debe evitar el mal: haz esto, evita aquello[12]. Es la conciencia la que de modo admirable da a conocer esa ley cuyo cumplimiento consiste en el amor de Dios y del prójimo. La fidelidad a esta conciencia une a los cristianos con los demás hombres para buscar la verdad y resolver con acierto los numerosos problemas morales que se presentan al individuo y a la sociedad[13].

   Cristo ha enseñado «Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres» (Jn 8, 32). De hecho, es libre tan sólo el hombre que conoce la verdad.

   La Libertad.

   La libertad que no es aquella de hacer lo que me plazca aun en detrimento de mi persona y de los demás. Con frecuencia, la libertad es fomentada de forma depravada, como si fuera pura licencia para hacer cualquier cosa, con tal que deleite, aunque sea mala[14]. Se trata, más bien, de la libertad que me lleva a decidir y a hacer aquello que es bueno y justo tanto para mí como para mis semejantes y que resalta la dignidad de la persona humana. La libertad es una en sí, es decir, una condición del ser humano; pero la libertad como realidad está en relación con la ≤verdad≥ y con el ≤bien≥[15]. Sólo en la relación con Dios comprende el hombre el significado de la propia libertad. El hombre que cree ser absoluto, no depender de nada ni de nadie, que puede hacer todo lo que se le antoja, termina por contradecir la verdad del propio ser, perdiendo su libertad[16]. La verdadera libertad es en el hombre signo altísimo de la imagen divina[17]. El uso recto de la libertad es, central en la promoción de la justicia y la paz, que requieren el respeto hacia uno mismo y hacia el otro, aunque se distancie de la propia forma de ser y vivir[18].

    Hechos Actuales

   El año que termina ha aumentado el sentimiento de frustración por la crisis que agobia a la sociedad, al mundo del trabajo y la economía; una crisis cuyas raíces son sobre todo culturales y antropológicas. Parece como si un manto de oscuridad hubiera descendido sobre nuestro tiempo y no dejara ver con claridad la luz del día[19].

  El Papa hace un llamado: Educar a los jóvenes en la justicia y en la paz.

   El mensaje del Santo Padre para la XLV Jornada Mundial de la Paz es una llamada a «Educar a los jóvenes en la justicia y la paz», convencido de que ellos, con su entusiasmo y su impulso hacia los ideales, pueden ofrecer al mundo una nueva esperanza[20].  
Este mensaje está dirigido principalmente a los padres, las familias y a todos los estamentos educativos y formativos, así como a los responsables en los distintos ámbitos de la vida religiosa, social, política, económica, cultural y de la comunicación. Les exhorta a prestar atención al mundo juvenil, saber escucharlo y valorarlo, y les dice que esto no es sólo una oportunidad, sino un deber primario de toda la sociedad, para la construcción de un futuro de justicia y de paz[21]. 

¿Cuáles son los lugares donde madura una verdadera educación en la paz y en la justicia?

   Ante todo la familia, puesto que los padres son los primeros educadores. La familia es la primera escuela donde se recibe educación para la justicia y la paz[22]. La paz observada en el seno de la familia es la garantía contra todo riesgo de destrucción[23]. En una sociedad sacudida y disgregada por tensiones y conflictos a causa del choque entre los diversos individualismos y egoísmos, los hijos deben enriquecerse no solo con el sentido de la verdadera justicia, que lleva al respeto de la dignidad personal de cada uno, sino también y más aun del sentido del verdadero amor, como solicitud sincera y servicio desinteresado hacia los demás, especialmente a los más pobres y necesitados[24]. También los jóvenes han de tener el valor de vivir ante todo ellos mismos lo que piden a quienes están en su entorno. Les corresponde una gran responsabilidad: que tengan la fuerza de usar bien y conscientemente la libertad. También ellos son responsables de la propia educación y formación en la justicia y la paz[25].

     La Paz

    La palabra paz deriva del latín pax. Es generalmente definida, en sentido positivo, como un estado a nivel social o personal, en el cual se encuentran en equilibrio y estabilidad las partes de una unidad, y en sentido negativo, como ausencia de inquietud, violencia o guerra. Desde el punto de vista del Derecho internacional y por extensión de la definición anterior, el término Paz es un convenio o tratado que pone fin a la guerra. Puede hablarse de una paz social como entendimiento y buenas relaciones entre los grupos, clases o estamentos sociales dentro de un país. En el plano individual, la paz designa un estado interior, exento de cólera, odio y de sentimientos negativos[26].  

   Las injusticias, las desigualdades excesivas de orden económico o social, la envidia, la desconfianza y el orgullo, que existen entre los hombres y las naciones, amenazan sin cesar la paz y causan las guerras. Todo lo que se hace para superar estos desórdenes contribuye a edificar la paz y evitar la guerra[27].
   
   La humanidad no podrá llevar a cabo la tarea que tiene ante sí, es decir, construir un mundo más humano para todos los hombres en toda la extensión de la tierra, sin que todos se conviertan con espíritu renovado a la verdadera paz[28]. Es absolutamente necesario el firme propósito de respetar a los demás hombres y pueblos, así como su dignidad, y el apasionado ejercicio de la fraternidad en orden a construir la paz. De este modo, la paz es también fruto del amor, el cual sobrepasa todo lo que la justicia puede realizar[29].

   La paz no es un bien ya logrado, sino una meta a la que todos debemos aspirar[30].


Esther María Iannuzzo.


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[1] Const. Past. Gaudium et spest, n. 78.
[2] Catecismo de la iglesia católica, n. 1807.
[3] Ibid.
[4] BENEDICTO XVI, Mensaje para la celebración de la XLV Jornada Mundial de la Paz 01 de enero 2012, n 5.
[5] Ibid. n.4.
[6] JUAN PABLO II, Veritatis splendor, n. 32. 

[7] Cf. Ibid.
[8] Ibid. n. 35.
[9] Ibid.
[10] BENEDICTO XVI, Mensaje para la celebración de la XLV Jornada Mundial de la Paz 01 de enero 2012, n. 3.
[11] JUAN PABLO II, Veritatis splendor, n. 2.
[12] Const. Past. Gaudium et spest, n. 16.
[13] Ibid.
[14] Ibid., n. 17.
[15] FERNANDEZ, A., Teologia Morale Fondamentale. Catechesi Teologica., Edizioni Ares, Milano, 2003, p 67. (Tilulo original: Moral fundamental, Ediciones Rialp, S.A., Madrid, 2000).
[16] Cf. BENEDICTO XVI, Mensaje para la celebración de la XLV Jornada Mundial de la Paz 01 de enero 2012, n. 3.
[17] Const. Past. Gaudium et spest, n. 17.
[18] BENEDICTO XVI, Mensaje para la celebración de la XLV Jornada Mundial de la Paz 01 de enero 2012, n. 3.
[19] Ibid., n. 1.
[20] Ibid.
[21] Ibid.
[22] Ibid., n. 2.
[23] Madre Teresa de Calcuta.
[24] JUAN PABLO II,  Exhortación Apostolica Familiaris Consortio, n. 37.
[25] BENEDICTO XVI, Mensaje para la celebración de la XLV Jornada Mundial de la Paz 01 de enero 2012, n. 2.
[26] http://es.wikipedia.org/wiki/Paz.
[27] Catecismo de la iglesia católica, n. 2317.
[28] Const. Past. Gaudium et spest, n. 77.
[29] Ibid., n. 78.
[30] BENEDICTO XVI, Mensaje para la celebración de la XLV Jornada Mundial de la Paz 01 de enero 2012, n. 6.

viernes, 30 de diciembre de 2011

La sagrada Familia de Nazaret es el modelo de familia por excelencia.



   En el mundo actual marcado por la crisis de valores un bien fundamental para el hombre como lo es la familia se encuentra en peligro. La familia se ha convertido en el centro de muchos ataques, entre ellos, uno de los más perjudiciales, es el propósito de cambiar su constitución y también su función y hoy en día a cualquier tipo de unión, o de uniones, se le pretende llamar “familia” y puede ser impuesto como modelo de familia. Cada quien puede construirse el tipo de familia (hombres con hombres, mujeres con mujeres) y/o de familias que le parezca (can), porque hay quienes tienen más de una familia de manera paralela. Lo peor de todo esto, lo más triste de esto, es que estos nuevos tipos de familias propuestos están siendo aceptados por muchas personas que comienzan a ver a estos fenómenos como algo normal. Muchos ven en esto como un avance, una evolución, algo a lo que se tiene derecho y que debe ser aceptado por las leyes como en el caso de las uniones de personas de mismo sexo. Y que debe ser aceptado también por la iglesia, que según la opinión de algunos, debe modernizarse y adaptarse a los tiempos. El adulterio y las uniones libres también están siendo ampliamente aceptados, incluso por quienes se llaman a sí mismo católicos, quienes en lugar de defender la sacralidad del matrimonio y el valor inestimable de la fidelidad conyugal, se prestan con su actitud y apoyo hacia este tipo de relaciones irregulares, a propagar algo que es absolutamente dañino para el hombre, para el bien de las familias y de la sociedad.

   A la familia, tal como Dios ha querido que sea y de la cual tenemos un ejemplo en la Sagrada Familia de Nazaret, hay que defenderla, apoyarla y promocionarla de palabras, con gestos y con nuestras actitudes. Debemos educar a los niños desde la más temprana edad y mostrarles con palabras y con el ejemplo lo que es y el verdadero significado de la familia, del matrimonio sacramental y el valor y el respeto que encierran la fidelidad conyugal.

   Al contemplar el misterio del Hijo de Dios que vino al mundo rodeado del afecto de María y de José, invito a las familias cristianas a experimentar la presencia amorosa del Señor en sus vidas. Asimismo, les aliento a que, inspirándose en el amor de Cristo por los hombres, den testimonio ante el mundo de la belleza del amor humano, del matrimonio y la familia. Esta, fundada en la unión indisoluble entre un hombre y una mujer, constituye el ámbito privilegiado en el que la vida humana es acogida y protegida, desde su inicio hasta su fin natural. Por eso, los padres tienen el derecho y la obligación fundamental de educar a sus hijos en la fe y en los valores que dignifican la existencia humana. […] Vale la pena trabajar por la familia y el matrimonio porque vale la pena trabajar por el ser humano, el ser más precioso creado por Dios [1].

   El bien de la persona y de la sociedad humana y cristiana está íntimamente vinculado a la “buena salud” de la situación conyugal y familiar[2].

Esther María Iannuzzo P.




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[1] BENEDICTO XVI, Ángelus 30 de diciembre 2007 Festividad de la Sagrada Familia.
[2] Constitución Pastoral Gaudium et Spes, N 47.






jueves, 29 de diciembre de 2011

La oración y la Sagrada Familia de Nazaret




Benedicto XVI


Audiencia General, Miércoles 28 de dic. 2011.


El encuentro de hoy se desenvuelve en el clima navideño, penetrado de intima gloria por el nacimiento del Salvador. Hemos a penas celebrado este misterio, cuyo eco se expande en la liturgia de todos estos días. Es un misterio de luz que los hombres de cada época pueden revivir en la fe y en la oración. Es propio a través de la oración que nosotros nos hacemos capaces de acercarnos a Dios con intimidad y profundidad. Por eso, teniendo presente el tema de la oración que estoy desarrollando en este periodo de la catequesis, hoy quisiera invitarlos a reflexionar sobre como la oración hace parte de la vida de la Sagrada Familia. La casa de Nazaret, de hecho, es una escuela de oración, donde se aprende a escuchar, a meditar, a penetrar el significado profundo de la manifestación del hijo de Dios, tomando el ejemplo de María, José y Jesús.

Permanece memorable el discurso del Siervo de Dios Paolo VI en su visita a Nazaret. El Papa dice que en la escuela de la Sagrada Familia nosotros ≤comprendemos porque debemos tener un disciplina espiritual, si queremos seguir la doctrina del Evangelio y llegar a ser discípulos de Cristo≥. Y agrega: ≤en primer lugar esa nos enseña el silencio. Oh, sí permaneciera en nosotros la estima por el silencio, atmósfera admirable e indispensable del espíritu: mientras estamos aturdidos por tantos ruidos y voces resonando en la vida frenética y tumultuosa de nuestro tiempo≥. Oh, silencio de Nazaret, enséñanos a ser firmes en los buenos pensamientos, atentos a la vida interior, listos a escuchar bien las secretas inspiraciones de Dios y las exhortaciones de los verdaderos maestros≥ (Discurso en Nazaret 5 de enero de 1964).

Podemos obtener algunas ideas sobre la oración, sobre la relación con Dios, de la Sagrada Familia, en los relatos evangélicos de la infancia de Jesús. Podemos comenzar por el episodio de la presentación de Jesús en el templo. san Lucas narra que María y José, ≤cuando se cumplieron los días del ritual de la purificación, según la ley de Moisés, llevaron el niño a Jerusalén para presentarlo al Señor≥ (2,22). Como cada familia hebrea observante de la ley, los padres de Jesús se presentaron al templo para consagrar a Dios al primogénito y para ofrecer el sacrificio. Movidos por la fidelidad a lo prescrito, parten de Belén y se acercan a Jerusalén con Jesús que tiene apenas cuarenta días; en lugar de un ovejo de un año presentan la oferta de las familias sencillas, es decir dos palomas. Ese de la Sagrada Familia es el peregrinaje de la fe, de la oferta de los dones, símbolo de la oración, y del encuentro con el Señor, que María y José ya ven en el hijo Jesús.

La contemplación de Cristo tiene en María su modelo insuperable. El rostro del hijo le pertenece de una manera especial, ya que se ha formado en su seno, tomando de ella también una semejanza humana. A la contemplación de Jesús nadie se ha dedicado con tanta asiduidad como María. La mirada de su corazón se concentra sobre él ya al momento de la Anunciación, cuando lo concibió por obra del Espíritu Santo; en los meses sucesivos, advierte poco a poco su presencia, hasta el día del nacimiento, cuando sus ojos pueden fijar con ternura materna el rostro del hijo, mientras lo envuelve en pañales y lo colca en el pesebre. Los re cuerdos de Jesús fijados en su mente y en su corazón, han marcado cada instante de la existencia de María. Ella vive con los ojos su Cristo y hace un tesoro de cada una de sus palabras. San Lucas dice: ≤Por su parte [María] guardaba todas estas cosas meditándolas en su corazón≥ (Lc 2,19), y así describe la actitud de María ante el Misterio de la Encarnación, actitud que se prolongará durante toda su existencia: custodiar las cosas meditándolas en el corazón. Lucas es el Evangelista que nos da a conoce el corazón de María, su fe (cfr 1,45), su esperanza y obediencia (cfr 1,38), sobre todo su interioridad y oración, (cfr 1,46-56), su libre adhesión a Cristo (cfr 1,55). Y todo esto procede del don del Espíritu Santo que desciende sobre ella (cfr 1,35), como descenderá sobre los apóstoles según la promesa de Cristo (cfr At 1,8). Está imagen de María que nos regala san Lucas presenta a la virgen como modelo de todo creyente que conserva y compara las palabras y las acciones de Jesús, una comparación que es siempre un progresar en el conocimiento de Jesús. En la estela del Beato Juan Pablo II (cfr Lett. ap. Rosarium Virginis Mariae) podemos decir que la oración del Rosario obtiene su modelo propio de María, ya que consiste en el contemplar los misterios de Cristo en unión espiritual con la Madre del Señor. La capacidad de María de vivir de la mirada del Señor es, por así decirlo, contagiosa. El primero a hacer la experiencia ha sido San José. Su amor humilde y sincero por su prometida y la decisión de unir su vida a aquella de María ha atraído y penetrado también a él que ya era un ≤hombre justo≥ (Mt 1,19), en una singular intimidad con Dios. De hecho, con María y luego, sobre todo, con Jesús, el comienza un nuevo modo de relacionarse con Dios, de acogerlo en la propia vida, de entrar en su proyecto de salvación, cumpliendo su voluntad. Después de haber seguido con confianza las indicaciones del Ángel - ≤no temas de tomar a María como esposa≥ (Mt 1,20) él se llevó a María consigo y compartió su vida con ella; se ha verdaderamente donado todo él mismo a María y a Jesús, esto lo ha conducido hacia la perfección de la respuesta a la vocación recibida. El Evangelio, como sabemos, no ha conservado ninguna palabra de José: la suya es una presencia silenciosa, pero fiel, constante, activa. Podemos imaginar que también él, como su esposa y en íntima consonancia con ella, haya vivido los años de la infancia y la adolescencia de Jesús, disfrutando, por así decir, su presencia en su familia. José ha cumplido plenamente su rol paterno, en todos los aspectos. Seguramente ha educado a Jesús en la oración, junto con María. El, en particular, lo habrá llevado consigo a la sinagoga, en los ritos del sábado, como también a Jerusalén, para las grandes fiestas del pueblo de Israel. José, según la tradición hebraica, habrá guiado la oración domestica, sea en la cotidianidad - en la mañana, en la tarde, en las comidas – sea en la principales solemnidades religiosas. Así, en el ritmo de los días transcurridos en Jerusalén, entre la sencilla casa y el laboratorio de José, Jesús ha aprendido a alternar oración y trabajo, y a ofrecer a Dios también la fatiga para ganar el pan necesario para la familia.

Y finalmente, otro episodio que ve a la Sagrada Familia de Nazaret reunida junta en un evento de oración. Jesús, lo hemos escuchado, a los doce años se acerca con los suyos al templo de Jerusalén. Este episodio se coloca en el contexto de peregrinaje, como subraya san Lucas: ≤Sus padres se acercaban cada año a Jerusalén para la fiesta de pascua. Cuando él tenía doce años, se fueron según la costumbre de la fiesta≥ (2,41-42). El peregrinaje es una expresión religiosa que se nutre de oración y, al mismo tiempo la alimenta. Aquí se trata de aquél pascual, y el evangelista nos hace observar que la familia de Jesús lo vive cada año, para participar en los ritos de la ciudad santa. La familia hebrea, como aquella cristiana, ora en la intimidad domestica, pero ora también junto a la comunidad, reconociéndose parte del Pueblo de Dios en camino ye l peregrinaje expresa justo este estar en camino del Pueblo de Dios. La pascua es el centro y el culmine de todo esto, e implica la dimensión familiar y aquella del culto litúrgico y publico.

En el episodio de Jesús a los doce años, son registradas también las primeras palabras de Jesús: ≤ ¿Por qué me buscaban? ¿No sabían que debía estar en los asuntos de mi Padre?≥ (2,49). Luego de tres días de búsqueda, sus padres lo encontraron en el templo sentado entre los maestro mientras lo escuchaban y lo interrogaban (cfr 2,46). A la pregunta del por qué ha hecho eso al padre y a la madre El, ha respondido que solo ha hecho aquello que debía hacer el Hijo, es decir estar junto al Padre. Así El indica quién es el verdadero Padre, cuál es la verdadera casa, que El no ha hecho nada de extraño, de desobediente. Ha permanecido donde debía estar el hijo, es decir junto al Padre, y ha subrayado quién es su Padre. La palabra ≤Padre≥ supera el acento de esta respuesta y aparece todo el misterio cristológico. Esta palabra abre por lo tanto el misterio, es la clave al misterio de Cristo, que es el Hijo, y abre también la clave a nuestro misterio de cristianos, que somos hijos en el hijo. Al mismo tiempo, Jesús nos enseña cómo ser hijos, propio en el estar con el Padre en la oración. El misterio cristológico, el misterio de la existencia cristiana está íntimamente vinculado, fundado sobre la oración. Jesús enseñará un día a sus discípulos a orar, diciéndoles a ellos: cuando oren digan ≤Padre≥. Y, naturalmente, no lo digan sólo con una palabra, díganlo con vuestra existencia, aprendan siempre más a decir con vuestra existencia: ≤Padre≥; y así seréis verdaderos hijos en el Hijo, verdaderos cristianos.

Aquí cuando Jesús estaba plenamente insertado en la vida de la familia de Nazaret, es importante notar la resonancia que puede haber tenido en los corazones de María y José escuchar de la boca de Jesús aquella palabra ≤Padre≥, y revelar, subrayar quien es el Padre y escuchar de la boca de Jesús con la conciencia de Hijo Unigénito, que justo por esto ha querido permanecer por tres días en el templo, que es ≤la casa del Padre≥. Desde entonces podemos imaginar que la vida en la Sagrada Familia fue todavía más llena de oración, porque del corazón de Jesús niño – y luego adolescente y joven – no cesará más de difundirse y de reflejar en los corazones de María y de José este sentido profundo de la relación con Dios Padre. Este episodio nos muestra la verdadera situación, la atmosfera de estar con el Padre. Así la familia de Nazaret es el primer modelo de la iglesia en la cual, alrededor de la presencia de Jesús y gracias a su mediación, viven todos la mediación filial con el Padre, que transforma también las relaciones interpersonales, humanas.

Queridos amigos, por estos diversos aspectos que, a la luz del Evangelio, he brevemente expuesto, la Sagrada Familia es icono de la Iglesia domestica, llamada a orar junta. La familia es Iglesia domestica y debe ser la primera escuela de oración. En la familia los niños, desde la más tierna edad, pueden aprender a percibir el sentido de Dios, gracias a la enseñanza y al ejemplo de los padres: vivir en una atmosfera marcada por la presencia de Dios. Una educación auténticamente cristiana no puede prescindir de la experiencia de la oración. Si no se aprende a orar en familia, será luego difícil lograr llenar este vacío. Y, por lo tanto, quisiera dirigir a ustedes la invitación a redescubrir la belleza de orar juntos como familia en la escuela de la Sagrada Familia de Nazaret. Y así llegar a ser verdaderamente un solo corazón, una sola alma, una verdadera familia. Gracias.



Fuente de la información: http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/audiences/2011/documents/hf_ben-xvi_aud_20111228_it.html

Traducido del italiano al español por Esther María Iannuzzo.


jueves, 22 de diciembre de 2011

La Felicidad está en tus Manos.


La felicidad está en tus manos, Dios en su infinita sabiduría, actúa en la vida del hombre constantemente, no solo le tenemos que escuchar, también le tenemos que preguntar y así construir con Dios un constante diálogo. Comenzar a ver en Dios la luz que guíe nuestras vidas y tengamos la capacidad de ponerla en sus manos.
Dios no elige personas capacitadas, Él capacita a los elegidos.
Uno con Dios es mayoría.
¿Quieres ayudar? Entonces involúcrate con quien necesita ayuda. ¿Quieres hacer la diferencia? Sé diferente. ¿Quieres ser usado por Dios? Ponte a su disposición.
... Nunca pongas un punto de interrogación, donde Dios ya puso un punto final.
Debemos orar siempre, no hasta que Dios nos escuche, sino hasta que podamos oír a Dios.
Dios no habla con personas apresuradas y sin tiempo.
Con Jesús, jamás una desgracia será la última noticia.
Moisés gastó 40 años pensando que era alguien, 40 años aprendiendo que no era nadie y 40 años descubriendo lo que Dios puede hacer con un NADIE.
Sólo tendré todo de Dios, cuando El tenga todo de mí.
Solamente soy un detalle, pero con Jesús, hago la diferencia.
La fe se ríe de las imposibilidades.
Nada está fuera del alcance de la oración, excepto lo que está fuera de lavoluntad de Dios.
Perdonar es la mejor manera de vengarse.
La tristeza mira hacia atrás, la preocupación mira alrededor, la fe mira hacia arriba.
El tiempo es de lejos más valioso que el dinero, porque el tiempo es INSUSTITUIBLE.
No temas la presión, recuerda que ella transforma el carbón en diamante.
Lo más importante no es encontrar la persona correcta, y sí ser la persona correcta.
No confundas la voluntad de Dios, con el permiso de Dios, no todo lo que ocurre es de Su voluntad, pero nada ocurre sin Su permiso.
Uno no cree realmente en Dios, hasta que uno cree que Dios puede hacer lo imposible.

No es tu APTITUD, si no tu ACTITUD, lo que determina tu ALTITUD.

Levántate, reacciona y ponte en camino. Junto a Dios te espera una aventura sin fin, escrutando caminos insondables y maravillosos, con El tenemos el triunfo asegurado, en este día apuesta por Dios y déjalo entrar en tu vida, en tu casa, en tu corazón, no te va a defraudar.
 
P. Dennis Doren, L.C

El Verbo de Dios se ha hecho carne y ha puesto su morada entre nosotros.



Benedicto XVI
Audiencia General
Miércoles, 21 de diciembre del 2011.



Queridos hermanos y hermanas:


En la sociedad actual, donde por desgracia las fiestas que se avecinan están perdiendo progresivamente su valor religioso, es importante que los signos externos de estos días no nos alejen del significado genuino del misterio que celebramos. A saber: el Verbo de Dios se ha hecho carne y ha puesto su morada entre nosotros. Vivamos, por tanto, con gozo este hecho maravilloso. El Eterno ha entrado en los límites del espacio y el tiempo para hacer posible que hoy nos encontremos con Él. Dios está cerca de cada uno de nosotros y desea que lo descubramos, para que con su luz se disipen las tinieblas que encubren nuestra vida y la humanidad. Vivamos asimismo la Navidad contemplando con fervor el camino del inmenso amor de Dios, que nos atrae hacia Sí a través de la encarnación, pasión, muerte y resurrección de su Hijo. Sobre todo, vivamos este misterio en la Eucaristía, verdadero eje de la Navidad. En ella se hace realmente presente Jesús, Pan bajado del cielo y Cordero sacrificado por nuestra salvación.







Fuente de la información:

martes, 6 de diciembre de 2011

Dolor de piedra, perdón de cristal

Mamá, no llores más.





Debo confesar que esta imagen me ha impresionado realmente. Vemos, a la izquierda, una mujer de rodillas y llorando; la cabeza inclinada hacia adelante: la sostiene sus manos. Refleja un dolor profundo, muy hondo. Es una escultura de piedra. Delante observamos la figura de un niño -podría ser niña- elaborada en cambio en vidrio, en una especie de cristal transparente. Este niño está de pie, como alzándose del suelo y con su mano izquierda tocando delicadamente la cabeza de la mujer de piedra.

Difícil poder expresar mejor el profundo arrepentimiento de una madre que ha abortado. Lo ha logrado Martin Hudáček, un joven escultor de Banska Bystrica (Eslovaquia). La idea surgió de un grupo de mujeres jóvenes, convencidas del valor de la vida y de las funestas consecuencias que todo aborto conlleva en el cuerpo y en el espíritu de la infeliz madre.

El monumento al “Niño no nacido” fue inaugurado el 28 de octubre 2011 por el Ministro de Salud de Eslovaquia MD. Ivan Uhliarik. Por si sirve el dato, Eslovaquia es uno de los países que al salir del comunismo ha visto reducirse su número de abortos: de 58.000 en 1988 a 19.000 en 2006. Hay que decir que también ha descendido el número de nacimientos anuales: de 83.000 a 53.000 en estos mismos años. Su legislación permite el aborto prácticamente libre hasta las 12 semanas, y es permitido a jóvenes de 16 y 17 años con permiso de sus padres. Afortunadamente el país de mayoría católica (un 70% de sus 5,4 millones de habitantes), cuenta con muchos servicios sanitarios que pertenecen a la Iglesia y en donde la mayoría de los ginecólogos se niegan a cometer abortos.

El artista ha logrado plasmar un maravilloso equilibrio entre dolor y amor; entre la agonía de la madre y el consuelo del niño; entre el arrepentimiento de ella y el perdón de él. La imagen deja en el corazón una profunda ternura hacia la madre y su hijo. Pero ¿por qué el autor quiso emplear el vidrio en el caso del niño? Tal vez para evocar el alma pura y transparente del niño no nacido que parece decirle: «Mamá, no llores más. Mírame, aquí estoy. Desde el cielo podré amarte y hacer por ti todo lo que no pude en la tierra».

Esta obra de arte transmite un mensaje claro: El abominable pecado del aborto además de matar a una criatura inocente, hiere en lo más hondo de su ser y de su dignidad a la mujer. Si el hombre –como nos recordaba tantas veces el beato Juan Pablo II- sólo se realiza en la donación de sí mismo, añadimos que en la mujer este amor es ante todo materno. Su vocación a la maternidad, tanto física como espiritual, forma parte de ella misma.

Un último detalle. Cuando mostré la foto de esta imagen a una mujer y le pedí sus observaciones, al final, para sorpresa mía, me formuló este interrogante: «¿Y dónde está el padre?»

P. José María Moriano, L.C.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Gansos en la nieve



Las calles se comienzan a vestir de fiesta, el ambiente comienza a notarse diferente, los vendedores aprovechan las instancias del momento para mejorar sus precios, adornar sus tiendas, y claro, vender todo lo que puedan. Se acerca Navidad, para nosotros cristianos tiene un sentido y valor únicos, recordar y hacer presente ese momento histórico en donde Dios nos visita con un rostro humano; Él decide, por amor, hacerse hombre y compartir 33 años con nosotros. Su paso fue breve, pero marcó indiscutiblemente nuestras vidas, nos trajo el mensaje de amor, paz, bien y perdón a todos los hombres; ojalá a partir de este primer domingo de Adviento, nuestra carrera de preparación sea para el encuentro con Jesús, y que una vez más, nos esforcemos para darle a la Navidad el verdadero sentido.

Había una vez un hombre que no creía en Dios. No tenía reparos en decir lo que pensaba de la religión y de las festividades cristianas como la Navidad. Su mujer, en cambio, era creyente a pesar de los comentarios desdeñosos de su marido. Una Nochebuena que estaba nevando, la mujer se disponía a llevar a sus hijos a la parroquia de la localidad agrícola donde vivían, le pidió al marido que los acompañara, pero se negó.

¡Qué tonterías! -argumentó- ¿Por qué Dios se iba a rebajar a la tierra adoptando la forma de hombre? ¡Qué ridiculez! Los niños y la esposa se marcharon, y él se quedó en casa. Un rato después, los vientos empezaron a soplar con mayor intensidad y se desató una ventisca. Observando por la ventana, todo lo que aquel hombre veí¬a era una cegadora tormenta de nieve y decidió relajarse sentado ante la chimenea. Al cabo de un rato, oyó un golpazo en la ventana, luego oyó un segundo golpe fuerte; miró hacia afuera, pero no logró ver más que a unos pocos metros de distancia. Cuando amainó la nevada, se aventuró a salir para ver qué habí¬a golpeado la ventana, y encontró a dos gansos muertos y una bandada de gansos salvajes en su potrero.

Por lo visto, iban camino al sur para pasar el invierno y se vieron sorprendidos por la tormenta de nieve; perdidos, terminaron en aquella granja sin abrigo ni alimento. Daban aletazos y volaban bajo, en círculos por el campo, cegados por la borrasca, sin seguir un rumbo fijo. El agricultor sintió lástima por los gansos y quiso ayudarlos.

Sería ideal que se quedaran en el granero -pensó- ahí estarán al abrigo y a salvo mientras pasa la tormenta.

Dirigiéndose al establo, abrió las puertas de par en par; luego aguardó y observó con la esperanza de que las aves advirtieran que estaba abierto, pero no obstante, se limitaron a revolotear dando vueltas. Ni siquiera se dieron cuenta de la existencia del granero y de lo que podía significar en esas circunstancias.

El hombre intentó llamar la atención de las aves, pero sólo consiguió asustarlas y que se alejaran más. Entró a la casa y salió con algo de pan, lo fue partiendo en pedazos y dejando rastros hasta el establo; sin embargo, los gansos no entendieron.

El hombre empezó a sentir frustración; corrió tras ellos tratando de ahuyentarlos en dirección al granero, pero lo único que consiguió fue asustarlos más y que se dispersaran. Por mucho que intentara, no conseguía que entraran al granero, donde estarían abrigados y seguros.

¿Por qué no me seguirán? -exclamó- ¿Es que no se dan cuenta que ese es el único sitio donde podrán sobrevivir a la nevasca?

Reflexionando unos instantes, cayó en la cuenta de que unas aves no seguirían a un ser humano. Si yo fuera uno de ellos, entonces sí podría salvarlos, pensó.

Seguidamente, se le ocurrió una idea: entró al establo, agarró a un ganso doméstico y lo llevó en brazos paseándolo entre sus congéneres salvajes; luego lo soltó, el ganso voló entre los demás y se fue directamente al interior del establo; una por una, las otras aves lo siguieron hasta que estuvieron todas a salvo.

El campesino se quedó en silencio por un momento mientras las palabras que había pronunciado hacía unos instantes resonaban en su cabeza: "si yo fuera uno de ellos, ¡entonces sí que podría salvarlos!"

Reflexionó luego en lo que había dicho a su mujer: "¿Por qué Dios iba a querer ser como nosotros? ¡Qué ridiculez!"

De pronto, todo empezó a cobrar sentido; entendió que eso era precisamente lo que Dios había hecho: nosotros éramos como aquellos gansos, estábamos ciegos, perdidos y a punto de perecer. Dios se volvió como nosotros a fin de indicarnos el camino, y por consiguiente, salvarnos.

El agricultor comprendió el sentido de la Navidad y por qué Jesús había venido a la tierra. Junto con aquella tormenta pasajera, se disiparon años de incredulidad. De rodillas elevó su primera plegaria: "Gracias Señor, por venir en forma humana a sacarme de la tormenta".

Sí, Jesús vino a sacarnos de la tormenta, de la tormenta individual que muchas veces nos ciega, nos hace perder el camino de nuestra vida y nos lleva a la deriva. ¡Dejemos de dar vueltas sin sentido! Cuando creamos haber perdido el rumbo, volvamos los ojos a Él. Miremos el pesebre, miremos la cruz... ellos nos mostrarán el rumbo que dará sentido a nuestra existencia.

P. Dennis Doren, L.C.
ddoren@legionaries.org


Benedicto XVI: “Vosotras mujeres católicas sois para las iglesias locales como la columna vertebral”.


Exhortación Apostólica Postsinodal Africae Munus.

En la presente exhortación apostólica el Papa dirige unas palabras a las mujeres del continente africano, valora la riqueza que ellas representan para el continente, hace referencia a las humillaciones a las que la gran mayoría de ellas son sometidas y resalta la importancia de la participación de la mujer en el desarrollo de las iglesias locales.

Las mujeres africanas, dice el Papa, con sus muchos talentos y sus preciosos dones son una gran riqueza para la familia, la sociedad y la iglesia. La iglesia y la sociedad necesitan que las mujeres encuentren el puesto que les corresponde en el mundo ≤para que el ser humano pueda vivir sin deshumanizarse completamente≥[1]. Que los obispos animen y promuevan la formación de las mujeres para que asuman ≤su propia parte de responsabilidad y de participación en la vida comunitaria de la sociedad y de la iglesia≥ Y así contribuirán a la humanización de la sociedad[2].

Junto con los padres sinodales, el Papa invita a los discípulos de Cristo a combatir todos los actos de violencia contra las mujeres, a denunciarlos y a condenarlos. Sería conveniente, señala, que los comportamientos dentro de la iglesia fueran un modelo para el conjunto de la sociedad. Son todavía demasiadas las prácticas humillantes para las mujeres, las vejaciones en nombre de tradiciones ancestrales[3]. Si bien, no se puede negar que se ha progresado en favorecer la promoción y la educación de la mujer en algunos países de África, sin embargo, en su conjunto, aún no se ha llegado a valorar y reconocer plenamente su dignidad, sus derechos y su aportación esencial a la familia y a la sociedad. La promoción de las jóvenes y las mujeres es menos favorecida que la de los jóvenes y los hombres[4]. En mi viaje a África, insistí en que ≤hay que reconocer, afirmar y defender la misma dignidad del hombre y la mujer: ambos son personas, diferentes de cualquier otro ser viviente del mundo que les rodea≥. El cambio de mentalidad en este campo es desgraciadamente demasiado lento. La iglesia tiene la obligación de contribuir a este reconocimiento y liberación de la mujer, siguiendo el ejemplo de Cristo[5] (cf. Mt 15,21-28; Lc 7, 36-50; 8, 1-3; 10,38-42; Jn 4,7-42)[6].

Hay que crear para la mujer un ámbito en el que pueda tomar la palabra y desarrollar sus talentos mediante iniciativas que refuercen su valía, su autoestima y su especificidad, esto, dice el Papa, les permitirá ocupar en la sociedad un puesto igual al del hombre – sin confundir ni uniformar la especificidad de cada uno -, pues ambos son imagen del Creador[7] (Cf. Gn 1,27)[8].

Vosotras mujeres católicas, os inscribís en la tradición evangélica de las mujeres que asistían a Jesús y a los apóstoles (cf. Lc 8,3)[9] . Sois para las iglesias locales como la ≤columna vertebral≥. Cuando la paz se ve amenazada y la justicia ultrajada, cuando la pobreza sigue creciendo, vosotras os mantenéis firmes en la defensa de la dignidad humana, de la familia y de los valores de la religión[10] . ≤Queridas hijas de la iglesia, aprended continuamente en la escuela de Cristo, como María de Betania, a reconocer su Palabra (cf. Lc 10,39)[11] . Formaos en el catecismo y en la Doctrina Social de la Iglesia, donde encontraréis los principios que os ayudarán a comportaros como verdaderas discípulas. Así os comprometeréis adecuadamente a los diferentes proyectos a favor de las mujeres≥[12].

Ante el mal de aborto, presente también de manera significativa en África, el Papa se dirige a las mujeres africanas con estas palabras: “No dejéis de defender la vida, pues Dios os ha hecho receptoras de la vida. La iglesia estará siempre a vuestro lado”[13].

Finaliza el Santo Padre, la parte de esta exhortación que ha dedicado a las mujeres con estas palabras: “Ayudad con vuestros consejos y ejemplo a las jóvenes para que afronten con paz la vida adulta. Ayudaos mutuamente. Respetad a las más ancianas de entre vosotras. La Iglesia cuenta con vosotras para crear una ≤ecología humana≥ mediante el amor y la ternura, la acogida y la delicadeza y, sobre todo, mediante la misericordia, valores que vosotras sabéis inculcar a los hijos, y de los cuales el mundo tiene tanta necesidad. Así, mediante la riqueza de vuestros dones propiamente femeninos, favoreceréis la reconciliación de los hombres y de las comunidades” [14].


Esther María Iannuzzo.



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[1] BENEDICTO XVI, Exhortación Apostólica Postsinodal Africae Munus, Librería Editrice Vaticana, Ciudad del Vaticano, 19 de noviembre del 2011, N. 55.
[2] Ibid, N. 57.
[3] Entre otras humillaciones cito aquí, las mutilaciones genitales a las que son sometidas muchas jóvenes, en gran parte de los casos, por parte de sus mismos familiares.
[4] Cf. BENEDICTO XVI, Exhortación Apostólica Postsinodal Africae Munus, Librería Editrice Vaticana, Ciudad del Vaticano, 19 de noviembre del 2011, N. 56.
[5] Cf. Ibid. N. 57.
[6] Mt 15,21-28 La mujer cananea; Lc 7, 36-50 Jesús perdona a la pecadora; Lc 8,1-3 Mujeres que siguen a Jesús; Lc 10, 38-42 Marta y María; Jn 4,7-42 Jesús y la samaritana.
[7] Cf. BENEDICTO XVI, Exhortación Apostólica Postsinodal Africae Munus, Librería Editrice Vaticana, Ciudad del Vaticano, 19 de noviembre del 2011, N. 57.
[8] ≤Y creó Dios al hombre a su imagen; a imagen de Dios lo creó; varón y mujer lo creó≥.
[9] ≤Juana, mujer de Cusa, mayordomo de Herodes; Susana y otras muchas, que los atendían con sus bienes≥.
[10] Cf. BENEDICTO XVI, Exhortación Apostólica Postsinodal Africae Munus, Librería Editrice Vaticana, Ciudad del Vaticano, 19 de noviembre del 2011, N. 58.
[11] Tenía una hermana llamada María, la cual, sentada a los pies del señor, escuchaba sus palabras.
[12] BENEDICTO XVI, Exhortación Apostólica Postsinodal Africae Munus, Librería Editrice Vaticana, Ciudad del Vaticano, 19 de noviembre del 2011, N. 59.
[13] Ibid.
[14] Ibid.